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Archivo para diciembre, 2010

Violencia paramilitar: Transgresión a las relaciones de género

Lo que pretendo con este ensayo, es demostrar como el fenómeno paramilitar que afecto a Colombia desde finales de la década de los 80´s, pasando por toda la de los 90´s, hasta los primeros años de este nuevo milenio, altero las relaciones de género en los territorios que este agente al margen de la ley ocupo, en el conflicto armado de nuestro país a partir de dos ejemplos concreto; como lo son, las masacres de Bahía Portete en la Guajira y El Salado ubicado en Bolivar.

Por esto, para entender este tema de entrada considero muy importante imponer un punto de partida común y claro, y por lo tanto establecer una definición para el concepto de género, el cual tomo de la bióloga Ruth Hubbard, como aquella construcción social y cultural que tiene como finalidad distinguir y relacionar los cuerpos sexuados de los humanos dentro de las relaciones sociales, y los diferentes campos del conocimiento.

Entendiendo que el concepto de género implica observar y estudiar las relaciones de dichos cuerpos sexuados en las interacciones sociales, es de suponer que la violencia afecta dichas interacciones, y en este caso concreto, como la violencia producto de un grupo armado ilegal como los paramilitares, afecta las relaciones de las mujeres que habitan los territorios donde se asentaron estos grupos armados al margen de la ley, en la medida que con esta, es decir la violencia, los grupos paramilitares establecieron un orden social nuevo.

Para demostrar que los paramilitares usaron la violencia como medio para transformar las comunidades de dichos territorios, al igual que para alterar las relaciones especificas de las mujeres de estas comunidades, debo primero hacer un breve recuento de lo sucedido en dichas masacres, comenzando por la de Bahía Portete. En la cual se observa de manera clara como los paramilitares acudieron a la violencia contra las mujeres para controlar a esta población y su respectivo territorio, y porque esta masacre se destaca en las numerosas masacres que ha vivido nuestro país, en la medida que sus víctimas fueron en su mayoría mujeres, ademas de ser un ataque deliberado a una comunidad indígena y a su territorio ancestral, en el cual, los victimarios se apoyan en una violencia caracterizada por la discriminación por género y papel social, para finalmente unir esta masacre con la Del Salado, donde  también se ataco de manera sexual a la mujeres de esta población.

Bahia Portete es un corregimiento que pertenece al municipio de Uribia, en la Guajira, específicamente en la alta Guajira, donde el 18 de abril de 2004 un grupo de alrededor de 40  paramilitares pertenecientes al Frente Contrainsurgencia Wayuu del Bloque norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) entraron a este territorio, asesinando y torturando a esta comunidad, obedeciendo a una estrategia paramilitar de consolidar un dominio militar sobre la costa Caribe  con el propósito de ocupar esta región, dejando en principio al menos 6 muertos, 4 de ellos mujeres, numerosas viviendas destruidas y el desplazamiento masivo de más de 600 personas que habitaban esta región de nuestro país y quienes hacen parte de la comunidad Wayuu, quienes emprendieron su huida hacia Uribia, Maicao, Riohacha o en algunos casos iniciaron una marcha para cruzar la frontera y buscar protección humanitaria en Venezuela.

La importancia de esta masacre para este texto esta en que su mayoría las víctimas fatales de dicha acción violenta son mujeres, cosa bastante extraordinaria por el hecho que de un registro de 2.505 masacres entre 1982 y 2007 por la organización Memoria Histórica, el 74,2% tienen como víctimas a hombres únicamente y el 25,7% son mixtas. En este último grupo, el 83,3% de las masacres registran entre una y dos mujeres, mientras que en esta masacre del año 2004 hubo 4 víctimas mujeres quienes fueron objeto de tortura, y adicionalmente 3 mujeres wayuu desaparecidas.

Ademas a estos datos estadísticos, se encuentra que las cuatro víctimas identificadas de la masacre de Bahía Portete fueron importantes líderes de dicha comunidad, cosa que altero el orden ancestral de dicha comunidad desde la perspectivas de género, en la medida que al atacar a las mujeres, los paramilitares transgredieron los códigos de guerra establecidos en la comunidad para tramitar sus conflictos; como lo es atacar intencionalmente a mujeres y torturarlas públicamente. Este caso ilustra el recurso de la violencia en cuestiones de género en el accionar de estos grupos paramilitares, dado que en este caso como se ve, se ataco de manera intencional a las mujeres por su pertenencia a un grupo étnico, su identidad y sus papeles de género como líderes comunitarias con el fin de doblegar a los miembros de esta comunidad wayuu.

Para la comunidad wayuu la división sexual de los papeles y las funciones en tiempos de guerra, se caracterizan por que las mujeres no participan como tal del conflicto bélico y son las responsables de recoger a los heridos y muertos, de curarlos y enterrarlos. Otorgándoles la facultad de circular libremente por el territorio, sin ser foco de agresión. A la vez son ellas las que recorren el territorio y salen de este al actuar como intermediarias con el mundo exterior.

Un elemento central en esta dinámica de interacción, negociación e intercambio cultural es el creciente papel de liderazgo social que cumplen las mujeres en la sociedad Wayuu. Desde la década de 1980 los arreglos de género de estas comunidades han sufrido cambios en el papel de la mujer en cuanto a la intermediación, representación y enlace entre su comunidad indígena, y el mundo no indígena. Ejemplo de ello, esta en la aparición de nuevas líderesas a causa de la oposición a los proyectos carboníferos y de explotación minera que se expandieron en La Guajira en estas décadas, o es también evidente desde los años 1990 en las organizaciones sociales de defensa de los derechos de los pueblos indígenas en La Guajira, las cuales en su mayoría son lideradas por mujeres. Dichas iniciativas se vuelven más explícitas y frecuentes a raíz de la Constitución Política de Colombia de 1991 y luego en las luchas por el reconocimiento de los derechos y las demandas de las víctimas del conflicto armado. Por lo tanto las mujeres Wayuu han desempeñado históricamente este papel de intermediación y representación entre el mundo indígena y la sociedad regional como ya lo mencione.

Esto hace que está estrategia paramilitar fuese predominante en La Guajira, no solo por ese carácter que tiene las mujeres dentro del conflicto para la comunidad indígena wayuu, sino en ese sentido, lo que se trato fue de atacar a la propia estructura de la comunidad en su forma mas elemental, como son las familias o clanes para ejercer sobre ellos un dominio absoluto. La comunidad wayuu se organiza en unos sistemas familiares que se dividen en 30 clanes, divididos en sistemas familiares uterinos(es decir, por la línea materna), las cuales a su vez funcionan como unidades políticas, sociales y culturales y en ellos la matrilinealidad constituye un principio estructurador de su organización social. La matrilinealidad se entiende como un sistema de descendencia y en este caso de asentamiento territorial, que se establece por la línea materna. En esta organización social, la mujer tiene un valor social central de enlace e implica una serie reciprocidades familiares específicas de índole obligatoria, haciendo fundamental el papel de la mujer en el desarrollo de la comunidad wayuu, viéndose seriamente afectada con la masacre.

Por lo tanto ademas de atentar contra las relaciones propias de las mujeres wayuu lo que se logro con el asesinato de Margoth Fince Epinayú de 70 años quien era una de las autoridades tradicionales reconocidas a raíz de la creación de la Asociación indígena de Autoridades y Rosa Fince Uriana de 46 años, quien fue líderesa social de la comunidad de Bahía Portete; Diana Fince Uriana de 40 años era tejedora; Reina Fince Pushaina de 13 años era sobrina de Rosa, y Rubén Epinayú de 17 años era un joven pescador miembro de la comunidad, también se intento afectar la identidad de los hombres de esta comunidad, en la medida que se vieron imposibilitados de proteger a sus mujeres, cosa que les corresponde como guerreros wayuu.

Ahora bien, para hacer relación entre estas de masacres, que como ya mencione se dio por causas relacionadas con el papel de la mujer wayuu en su comunidad, con la del salado, como ejemplos de la violencia de género por parte de los paramilitares, debo irme entonces a algunos hechos de esta masacre, donde por accionar paramilitar hubo mas homicidios; aproximadamente unos 37, y centenares de desplazados, donde también se asesinaron mujeres, y se le obligo a los hombres a presenciar los hechos de tortura hacia las mujeres de su pueblo.

Otro ejemplo de violencia sexual encaminado a las relaciones de género que encuentro en estos dos casos concretos, esta en los grafitis. Estos se encontraron en diferentes casas y los colegios de estas comunidades, haciendo de manera explícita en los muros figuras de mujeres violadas por la boca, la vagina y el ano, y letreros con mensajes ofensivos y degradantes referentes a una supuesta inferioridad las mujeres ante las capacidades de estos grupos ilegales.

Otro hecho característico de esta masacre, la del Salado, se da cuando a los hombres de esa comunidad de Bolivar se ven obligados por las armas de los paramilitares a observar en plena plaza central de dicho corregimiento, la tortura a las mujeres, donde se hacia especial énfasis en el elemento sexual de su cuerpo. Es decir, muchos de los hechos cometidos en esta masacre consistieron en córtales los senos a las mujeres mientras las torturaban, o violarlas, y finalmente empalarlas frente a toda la comunidad.

Lo que pretendo es demostrar como los paramilitares, y en especial en estos dos casos concretos, acudieron a la violencia y tortura sexual, con tres fines instrumentales asociados a sus actividades ilícitas como los son: aterrorizar a la población; castigar de manera pública y ejemplificante a las mujeres líderes, en el caso de la comunidad wayuu, y a las esposas, madres, y hermanas de la comunidad Del Salado considerado por lo paramilitares como un pueblo guerrillero, mediante ataques a sus cuerpos sexuados; y provocar el desplazamiento forzado.

Esta violencia sexual, acompañada de las transgresiones culturales, indican que la violencia sexual fue un medio para lograr ciertos fines y que también buscaban romper los principios sociales que regulan las relaciones en estas comunidades, haciendo de la mujer su principal foco de violencia.

En conclusión, los repertorios de violencia y tortura sexual cometidos sobre los cuerpos de las mujeres castigan e intentan establecer un dominio sobre las identidades de género específicas en las mujeres de estas regiones. La violencia sexual acompañada de tortura y asesinato; y la declaraciones hechas en los grafitis hacia las mujeres constituyen actos públicos e intencionales que buscan degradar a las mujeres, en su condición femenina y en su papel tradicional en esas comunidades como lideresas en el caso de las mujeres wayuu, como en el caso de la figura materna en la comunidad Del Salado. Esto es lo que marca y define el carácter de estas serias violaciones como ataques públicos e intencionados que pretenden afectar la cultura y las relaciones de género en estas comunidades, a partir de una visión de subordinación y dominación por parte de los paramilitares.

Juan Pablo Vargas Serrano