Atrévete a abrirla…

Ciencia y sujeto.

Jürgen Habermas, en su intento por explicar el porqué conocimiento e interés deben ir de la mano, inicia su texto mostrándonos cómo el positivismo se adueñó del concepto de teoría de los griegos, y además, cometió el error de hacer una distinción irreconciliable, para los positivistas, entre conocimiento e interés.

Una actitud teórica, sumado a un propósito cosmológico, donde nos acercáramos al conocimiento, era lo que los griegos concebían por teoría; sin embargo, siglos después, el positivismo se autodeclaró heredero de la tradición griega, malinterpretando así las concepciones iniciales de quienes labraron la grandeza de la cultura del sur de la península de los Balcanes. De esta manera, lo que en Grecia se consideraba “eficacia práctica de la teoría queda ahora a prescripción metodológica”. Con esto, el proceso educativo que suponía una concepción teórica en la antigüedad, ahora parecía un hecho fingido.

Además, la escuela positivista hizo una distinción irreconciliable entre conocimiento e interés, argumentando que al hacer ciencia, todo tipo de valor debía ser suprimido del sujeto, pues en la ciencia, todo conocimiento suponía neutralidad.

Habermas desafía en “Conocimiento e interés” al positivismo y propone  que los juicios de valor propios de los sujetos sean reconocidos junto a los hechos a la hora de crear conocimiento. Este vínculo conocimiento-interés es la pieza clave del rompecabezas que el autor intenta construir, cuando, por medio de tres tipos de ciencias, demuestra cómo el subjetivismo enarbola al sujeto para tener un contacto edificante que busque llegar al cosmos.

A continuación, partiendo de la relación entre interés y conocimiento, haremos una descripción de los tipos de ciencias señaladas por Habermas en su trabajo Conocimiento e Interés.

Ciencias empírico-analíticas: interés técnico

El espíritu experimentalista de las ciencias, entendido como la creación de conocimiento, a partir de ambientes controlados, en búsqueda de hipótesis o teorías dadas, tiene como fundamento un interés técnico de creación y afirmación de procesos objetivados. Las ciencias empírico-analíticas centran su construcción y contraste de teorías en un sistema metódico de referencia. Debido a la conexión del sujeto con la historia natural del ser humano, la persona encargada de describir la realidad, sin separarse de sus juicios de valor, reduce su subjetividad a un simple análisis y descripción de la Lebenswelt.

“[…] las teorías científicas de tipo empírico abren la realidad bajo la guía del interés por la posible seguridad informativa y ampliación de la acción de éxito controlado. Este es el interés cognitivo por la disponibilidad técnica de procesos objetivados[…]”[1]

Con lo anterior, podemos inferir que el uso del sistema de referencia objetivado es la construcción y contradicción de conocimientos, a partir de estándares sistemáticos que fortalecen y estabilizan el uso del mismo. El interés técnico de esta ciencia amplía el potencial de dominio experimental a una descripción del mundo tal como es, es decir, en perspectiva de totalidad del cosmos.

Ciencias histórico-hermenéuticas: interés práctico

“no hay nada en los sentidos que no este puesto antes en el intelecto”

Immanuel Kant.

Las ciencias histórico-hermenéuticas se caracterizan por la actitud comprensiva del sujeto, con interés de darle sentido a las acciones teniendo en cuenta la historia. Es así como los hechos y las teorías no se construyen de acuerdo a un marco deductivo, sino con base a la observación del sujeto, dando origen a la comprensión de los hechos: “el que comprende mantiene una comunicación entre los dos mundos: capta el contenido objetivo de lo transmitido por la tradición y a la vez aplica la tradición a si mismo y a su situación”.[2] Por lo tanto existe un vínculo entre hechos, contexto histórico e interpretación subjetiva que esta fuertemente arraigado.

Ya Einstein en 1952, en una carta enviada a su amigo Solovine, argumentaba en contra del positivismo, que el pensamiento que genera axiomas no nace en el contacto directo con la realidad, de lo dado, sino por medio de un salto lógico que comprende los juicios de valor subjetivos (intelecto, imaginación, creatividad, etc.), que permiten crear los axiomas del conocimiento.[3]

El interés práctico de las ciencias histórico-hermenéuticas a diferencia de su homologa empírico-analítica, abre la posibilidad de la comprensión y la orientación de la acción desde un aspecto intersubjetivo, sin cerrar la perspectiva histórica tradicional.

Ciencias crítico-emancipatorias: interés emancipatorio.

El último tipo de ciencias que Habermas determina es el de las ciencias crítico-emancipatorias. A éstas hace alusión en cuanto al rechazo y crítica de ideologías ya establecidas. Esta reflexión de las leyes establecidas parte de un conocimiento excesivo del funcionamiento de las mismas, que da lugar a una autorreflexión sobre su estructura, intentando colocarla fuera del ámbito de aplicación.

Una ciencia social crítica […] [s]e esfuerza por examinar cuándo las proposiciones teóricas captan legalidades invariantes de acción social y cuándo captan relaciones de dependencia, ideológicamente fijadas, pero en principio susceptibles de cambio. Mientras éste sea el caso, la crítica de las ideologías cuenta […] con que la información sobre nexos legales desencadene un proceso de reflexión en el afectado; con ello, el estadio de conciencia irreflexiva, que caracteriza las condiciones iniciales de semejantes leyes, puede ser cambiado. Un conocimiento críticamente mediado de las leyes puede por este camino colocar a la ley misma, merced a la reflexión, no ciertamente fuera de la validez, pero sí fuera de la aplicación.[4]

La veracidad sobre las leyes de una ideología establecida, no puede ser determinada a partir de una autorreflexión, pero la conveniencia de la misma sí puede motivar a su cambio. El axioma ideológico del stablishment es un paradigma que hipostasia los poderes que se encuentran a su favor. Un sujeto libre y con un gran conocimiento de estos poderes impuestos puede generar un cambio de paradigma, que lleve a que su libertad autorreflexiva  rompa con los esquemas represivos.

En este orden de ideas, toda crítica que intente subvertir las estructuras normativas establecidas en todo tipo de ciencias, a partir de un análisis , hace uso del interés emancipatorio propio de las ciencias críticas. Rechazo, abolición, crítica, cambio, transformación, alteración, entre otras, son los fines últimos de unas ciencias en las cuales el individuo no se conforma con los hechos que emergen ante sus sentidos.

Como venimos viendo hasta ahora, entender las ciencias, comprenderlas o ir en busca de su emancipación mantiene una fuerte carga de subjetivismo por parte del sujeto. De esta manera, el conocimiento, que captamos al intentar acercarnos al Cosmos, no puede ser visto ni entendido sin intereses propios, es decir, sin una previa autorreflexión acerca del mundo de la vida. Es así como la subjetividad se encuentra presente por medio de la autorreflexión, permitiendo el surgimiento de lo suprimido a partir de un yo que relaciona la cosa, por medio de su trascendencia histórica. “[L]os interese que guían al conocimiento se adhieren a las funciones de un yo que, mediante proceso de aprendizaje, se adapta a sus condiciones externas de vida”.[5]

La emancipación del conocimiento humano, según Habermas, se encuentra dada por el uso del lenguaje. El lenguaje es el único medio del cual el ser humano tiene una comprensión inteligible de su naturaleza. Por lo tanto, el uso de su estructura es la mejor forma por medio de la cual el sujeto puede llegar a una autonomía en la reflexión. En este orden de ideas, cualquier tipo de conocimiento que permita realizar al sujeto una autocomprensión, es un conocimiento emancipatorio, que lleva lo antes suprimido hacía el desarrollo del género humano. “En la fuerza de la autorreflexión el conocimiento y el interés son uno. […] La unidad de conocimiento e interés se acredita en una dialéctica que reconstruye lo suprimido rastreando las huellas históricas del diálogo suprimido”.[6]

A manera de conclusión, retomamos la relación intrínsecamente existente entre conocimiento e interés, en los tres tipos de ciencias anteriormente descritos.

Las ciencias empírico-analíticas se caracterizan por construir un saber informativo, que se encuentra relacionado con un interés técnico. Las ciencias histórico-hermenéuticas exploran la construcción de un conocimiento interpretativo, que dirige las tradiciones comunes a un campo práctico. Las ciencias crítico- emancipatorias, que dan origen a un saber analítico, permiten la reflexión subjetiva fuera de los estándares tradicionales de coerción.

De esta manera, Habermas rompe con el esquema positivista que propende por el objetivismo y da vía libre al universo del conocimiento ligado al interés subjetivo, con juicios de valor presentes en la lebenswelt.

 

Luis Alejandro Rojas Bernal

 

Bibliografía

  • Habermas, J. (1993). Conocimiento e Interés. México: Rei. pp. 159 -181.
  • Holton, G. (1982). Carta de einstein a Maurice Solovine, 7 de mayo 1952. In G. Holton, Ensayos sobre el pensamiento cientifico en la época de Einstein. Madrid: Alianza Editorial.

[1] Habermas, J. (1993). Conocimiento e Interés. México: Rei. p. 170

[2] Ibíd., p.171.

[3] Holton, G. (1982). Carta de einstein a Maurice Solovine, 7 de mayo 1952. In G. Holton, Ensayos sobre el pensamiento cientifico en la época de Einstein. Madrid: Alianza Editorial.

[4] Habermas, Opus cit., p. 172

[5] Ibíd., p.176.

[6] Ibíd., p.178.

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