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PRISIÓN, VIGILO Y CASTIGO.

A mediados del Siglo XVIII e inicios del siglo XIX se adopta la prisión como mecanismo de ortopedia social, y se deja de lado el método de suplicio como corrector penal[1]; los individuos que cometieron delitos bajo la adopción de la prisión fueron objeto de transformación social; en ella se convertían a los delincuentes en individuos dóciles y útiles para la sociedad, todo esto por medio de un trabajo sobre el individuo de manera psicológica; las penas son ajustadas de acuerdo a la situación penal y a las circunstancias propias del individuo[2] para moldearlo adecuadamente e impulsarlo a la reintegración social.

La prisión ha sido el método de castigo por excelencia en las sociedades civilizadas[3], se ha concebido como método igualitario para el pago de las penas, pues a todos los miembros de la sociedad se les monetiza el tiempo de la misma manera en materia de privación de la libertad. Una vez remunerado el “pago” se da por concluida la reparación. De igual modo tiene la misma disposición sobre todos los criminales; tiene la capacidad de controlarlo a cada uno.

El principio institucional penal consistía en preparar a los individuos, educarlos, hacerlos trabajar    -sometiéndolos para adaptarlos al trabajo y a ser mandados-, recogiendo buenos frutos, creando en ellos la necesidad de su uso para una vida digna, para una reintegración social y un rechazo al pasado vergonzoso[4].

La cárcel tiene tres principios fundamentales: 1) Consiste en el aislamiento a los individuos que podía darse de dos maneras analizando los mecanismos norteamericanos de encarcelamiento, según fuera el mecanismo adoptado en Auburn ó en Filadelfia. El adoptado en Auburn pretendía el aislamiento del infractor reuniéndolo en el día con los demás para cuestiones de trabajo[5] y bajo la premisa de silencio total, y en la noche al aislamiento total; el adoptado en Filadelfia pretendía el aislamiento total del individuo, trabajando únicamente en la conciencia del mismo. 2) Consiste en el trabajo obligatorio para el preso, induciéndole al hábito del orden, de la obediencia y a la necesidad del trabajo, “imponiendo al detenido el salario como forma moral para condición de su existencia”[6], diferenciando así a quienes lo hacían de quienes no mediante remuneraciones.          3) Consiste en la modulación de penas, que tiene como premisa fundamental que el individuo debe pagar hasta haber sido consciente del daño que hizo y que la pena “debe ajustarse a la transformación ‘útil’ del recluso en curso de su pena”[7], para ello “las recompensas pueden ayudar a diferenciar entre el bien y el mal”[8], enseñando al individuo lo que es bueno, y haciéndole rechazar lo que no, induciéndole al verdadero arrepentimiento.

La comunión de los tres principios de la cárcel le dan a la misma su carácter humanitario y/ó penitenciario. Ya no gira el sistema penal en torno a suplicios y a humillaciones directamente corporales, sino que se ha dado prioridad al individuo y a la necesidad de su reintegración social.

El principio de modulación y aplicación de las penas tenía como premisa la idea que “la prisión no tenía que conocer únicamente la decisión de los jueces y aplicarla en función de los reglamentos establecidos”[9], sino que también debía considerar la parte biográfica y la evolución de cada individuo para poder establecer correctamente el castigo y la corrección que facilitará su reinserción social.

La prisión ha sido el gran fracaso de la justicia penal[10], porque no ha logrado disminuir la taza de criminalidad[11], “la detención provoca reincidencia. Después de haber salido de prisión, se tienen más probabilidades de volver a ella”[12], en vez de cortar la delincuencia la fomenta, pues en ella se reúnen los delincuentes y crean asociaciones para seguir delinquiendo, “la prisión fabrica también delincuentes al imponer a los detenidos coacciones violentas; está destinada a aplicar las leyes y a enseñar a respetarlas; todo su funcionamiento se desarrolla sobre el modo de abuso de poder”[13], “la injusticia que un preso experimenta es una de las causas que más pueden hacer indomable su carácter. Cuando se ve así expuesto a sufrimientos que la ley no ha ordenado ni aún previsto, cae en un estado habitual de cólera contra todo lo que lo rodea; no ve sino verdugos[14] en todos los agentes de autoridad; no cree ya haber sido culpable, acusa a la propia justicia.”[15]; la excesiva vigilancia por parte del sistema penitenciario una vez salido el individuo de la cárcel también conduce a la reincidencia, pues estos tienen restricciones de ir a ciertos lugares, tienen restricciones para conseguir empleo por tener la obligación de mostrar el pasaporte en donde señalan que han pagado determinada pena y por ello no consiguen empleo, y son obligados a recaer[16]; ya sea por invadir el terreno restringido ó a volver a la delincuencia por falta de garantías; la sociedad no ayuda a satisfacer las necesidades fundamentales de dichos individuos, la familia de los prisioneros ó de los ex prisioneros que no tienen óptimas condiciones de vida a causa de la imposibilidad de conseguir empleo por la vigilancia excesiva, son obligados a caer en ello, pues no tienen la manera de cómo mantenerse[17]. Mientras “la contra- nota roja subraya sistemáticamente los hechos de la delincuencia en la burguesía, demostrando que ésta es la clase sometida a la ‘degeneración moral’. Sumen en la pobreza y hacen padecer hambre, demuestra en los procesos criminales contra los obreros que parte de responsabilidad debe atribuirse a los empresarios y a la sociedad entera”[18]. “según la clase a que pertenecen los individuos, serán conducidos al poder ó a la prisión”[19],

Para los problemas de la prisión anteriormente mencionados, se ha dado como respuesta y solución a la misma prisión. Los principios fundamentales que se dictan para una buena condición penitenciaria:

1) El principio de corrección: Consiste en la transformación del comportamiento del individuo para la readaptación social.

2) El principio de clasificación: Consiste en aislar ó repartir a los individuos según la gravedad penal y las condiciones individuales para evitar que se hagan asociaciones peligrosas entre los criminales fuertes, los ayudantes y los ejecutores.

3) El principio de modulación de penas: Consiste en la evaluación de progresos y/ó retrocesos de los individuos en el curso de las penas para la modificación de las mismas.

4) Principio de trabajo como obligación y derecho: Consiste en la obligación del trabajo para la obtención de recursos del detenido para si mismo y para su familia.

5) Principio de educación penitenciaria: Consiste en la instrucción general y profesional para la evolución de los individuos detenidos.

6) Principio de control técnico de detención: Consiste en la adopción de personal de control especializado para garantizar la buena formación de los detenidos.

7) Principio de las instituciones anejas: Consiste en la vigilancia y acompañamiento que se debe hacer a los individuos una vez fuera de prisión; esto para una asistencia que facilite la readaptación definitiva.[20]

En el Siglo XVIII el Antiguo Régimen luchaba contra los ilegalismos con equilibrios en las diferentes capas sociales[21], pero con el cambio se formó una sociedad universalmente punitiva[22], en la cual los mecanismos penales funcionaban de igual modo para todos los individuos.

Foucault asume que en Enero de 1848 termina la formación del sistema carcelario con Mettray[23], que era la formación disciplinaria más intensa, y en la que a la menor infracción o desobediencia se sufría un gran castigo, esto con el fin de evitar delitos graves. Dicho sistema carcelario utilizaba como principal castigo el encierro aislado, en dicho encierro las paredes de las celdas de encierro estaba escrito “Dios os ve”, creando gran castigo psicológico y moral.

En este sistema disciplinario había administradores que ayudaban con la misión de ortopedia individual, enseñaban y volvían sumisos a los individuos, completando aptitudes para convertirlos en buenos trabajadores. En el componente administrativo se reunían diversos entes[24] que ayudaban a controlar y a determinar las diferentes situaciones de evolución ó retroceso para el fin de la ortopedia. Pero Mattray era un sistema carcelario defectuoso, porque encerraba a jóvenes delincuentes que habían sido condenados por los tribunales, pero que habían sido absueltos por el código 66[25], y los principios normativos generales dicen que “no hay prisión fuera de la ley”[26]. El encarcelamiento extrapenal fue desmantelado en parte, pero aún así no dejó de funcionar, “la red carcelaria sutil con instituciones compactas pero con procedimientos carcelarios y difusos ha mantenido el encierro arbitrario”.

Desde sus inicios el sistema penitenciario ha estado influido por personalismos, y a pesar del transcurso del tiempo no ha tenido la capacidad de superarlos, tal vez ya no sea del mismo modo, tal vez salgan en mayor cantidad las denuncias por ello y por beneficencias de clase, pero esto no quiere decir que la prisión ha evolucionado a tal punto de acabar con ello y que no sean en gran cantidad los personalismos que son acobijados por la decisión judicial, situación que se supone quedó atrás con la imposición de la cárcel como método penal igualitario en el Siglo XVIII. Este parece ser el punto de quiebre de la institución carcelaria. A ello Kelsen[27] diría que el punto de quiebre es ocasionado por la discreción que tienen los jueces, quienes embargados por personalismos, intereses, y diferentes subjetividades, son guiados a tomar decisiones que tal vez no sean las correctas a la hora de corregir. El individuo que comete un acto antijurídico debe recibir como compensación una sanción. La verdadera técnica penitenciaria es el rigor; el rebajar las penas y dejarse convencer por situaciones subjetivas quita seriedad y capacidad de corrección a la institución, los individuos dentro de la cárcel hacen lo necesario para recobrar su libertad, y al ver que el sistema penitenciario no es firme con sus sentencias reinciden en la delincuencia. El encierro y la resocialización del individuo es necesaria, como también lo es necesario reformarlo para reintegrarlo, y como también es necesario hacer de él un elemento útil para la sociedad. Pero que responda adecuadamente dentro de la cárcel no quiere decir que de la misma manera lo haga fuera de ella. Es por eso que es necesario que las sentencias proferidas sean meramente sujetas a la legislación sin posibilidades de modificación, solo la rigidez puede transformar al delincuente. Parece importante tener en cuenta los principios que se han ofrecido como solución misma de la cárcel, exceptuando la modulación de pena, que hace que el individuo obtenga beneficios penales a costa de su aparente evolución y de personalismos ó subjetividades del juez, pues es importante que se haga la corrección del individuo y de su comportamiento para la readaptación social, la clasificación de los individuos evitando que se hagan reuniones peligrosas que sean vulnerables a la creación de asociaciones delictivas y a actividades antijurídicas, el trabajo como obligación y derecho permitiendo una remuneración al sujeto para la satisfacción de las necesidades de sus necesidades y las de su familia, la educación penitenciaria por parte de entes educativos que controlan y promueven la evolución del individuo para la reintegración social y la adopción de vigilantes competentes y eficaces para evitar brotes delincuenciales dentro del centro penitenciario. Otro de los problemas fundamentales del sistema penitenciario consiste en la reunión de delincuentes, que en vez de disipar aquellas mentes corruptas, las aumentan concentrando a seres corruptos que no pueden más que seguir corrompiéndose entre ellos mismos creando asociaciones delictivas. La detención penitenciaria creó un “ilegalismo cerrado”, el cual el sistema penal controlaría y mantendría bajo subordinación, evitando grandes ilegalismos. La idea de este “ilegalismo cerrado” era ejercer especial presión sobre determinado número de delincuentes creando un funcionamiento extra-legal para que sirvieran como informantes, mejorando la capacidad de vigilar y castigar al resto de individuos, bajo la premisa de que “a través de delincuentes se logra controlar la delincuencia”[28], esta parecería la excusa a la permisividad del sistema. Otro de los grandes problemas del sistema penitenciario consiste en los abusos que hay dentro de las propias cárceles -las mismas que suponen una reconstrucción social-, para evitarlo se deben garantizar los mecanismos de protección a los sujetos de derecho que en ella se encierran, haciendo óptimo el sistema penitenciario mediante un trato adecuado por parte de los vigilantes ó correctores, un aislamiento social y una pena rígida y eficaz para la reformación del individuo.

Retomar la idea que Foucault introduce acerca de la idea Benthamiana del panóptico[29], que pasa de la violencia física a una vigilancia eficaz, y consiste en mantener vigilados a todos los individuos por medio de un control llamado “cuenta moral”[30], que consistía en el monitoreo y seguimiento continuo de cada individuo. Parece útil, pudiendo controlar la buena conducta de cada individuo infringiendo coacciones a brotes de anormalidades, haciendo valer el principio general del orden en el centro penitenciario.

El sistema penitenciario de Mattray parece ideal con sus métodos de coacción, su ordenamiento rígido y sus métodos de regeneración al individuo. El resquebrajamiento del mismo consistió en obviar el orden jurídico, no teniendo en cuenta al sujeto de derechos al que se pretendía reprender y que tenía como derecho la libertad por la absolución proferida[31] por el mismo ordenamiento jurídico; y por correlatividad existía el deber del sistema jurídico de garantizar su libertad y no atentar contra ella por efectos de la situación de absolución.

Hart[32], por tanto, estaría de acuerdo con Kelsen en cuanto el individuo que comete un acto antijurídico debe estar sometido a una sanción que esté también contemplada en el ordenamiento jurídico. Pero también estaría de acuerdo con la discresión judicial, que ayude a determinar la situación específica del individuo. Para él, el juez debe estar completamente sujeto al ordenamiento jurídico, por tanto no se alejaría de lo que debería ser el derecho, pues tiene una pequeña autonomía de decisión sobre el individuo, pero contemplada por la ley, ayudando así a la corrección penal.

Dworkin[33], por tanto, estaría de acuerdo con el cambio de la técnica penitenciaria del suplicio por la técnica carcelaria. Pera él, todos debemos estar limitados por unos principios naturales, que deben ser universales y deben estar integrados en el ordenamiento jurídico. Todo acto antijurídico debe tener como recompensa una sanción, diría que el juez tiene la facultad de determinar la situación de cada individuo mediante prácticas ó determinaciones morales para modificar su tratamiento teniendo en cuenta las evoluciones del mismo, pues el derecho debe ser aplicado a lo que es en si, a las particularidades que presenta cada situación, y a las determinaciones que crea conveniente el juez para la solución, pues en la naturaleza del hombre está el cambio.

Para Faucoult la importancia del sistema penitenciario consiste en distinguir a los delincuentes como una clase social nueva, a la que debe controlar constantemente. Esto concuerda con el “ilegalismo cerrado” que creó la cárcel con la premisa de que “a través de delincuentes se logra controlar la delincuencia”[34]. Este método de reconocimiento parece bastante útil, por un lado ayudaría a vigilar y mantener control sobre ciertos individuos evitando que recaigan en graves delitos, pero por otro lado puede ser perjudicial si pretende llegar al punto de mantenerlos limitados y bajo una vigilancia excesiva que no permita que estos individuos puedan progresar no brindándoles oportunidades de desarrollo.

Al parecer ha sido costumbre que en los sistemas penales se lleguen a abusos sobre los penitenciados, se dejó el sistema penal de suplicio que consistía en el abuso directo sobre el individuo y se pasó al sistema penal carcelario que supuso el cambio a un mecanismo igualitario y  civilizado. Pero aún en este sistema se ven frecuentemente abusos sobre los encarcelados, abusos que vulneran la condición de sujeto de derechos que por la simple condición de ser seres humanos poseen. Para ello también Foucault introdujo la idea del panóptico, idea que no sólo pretendía que vigilar a los penitenciados sino a los vigilantes[35]. Dentro de los fracasos de la prisión está la acusación de que “la prisión fabrica también delincuentes al imponer a los detenidos coacciones violentas; está destinada a aplicar las leyes y a enseñar a respetarlas; todo su funcionamiento se desarrolla sobre el modo de abuso de poder”[36], “la injusticia que un preso experimenta es una de las causas que más pueden hacer indomable su carácter. Cuando se ve así expuesto a sufrimientos que la ley no ha ordenado ni aún previsto, cae en un estado habitual de cólera contra todo lo que lo rodea; no ve sino verdugos[37] en todos los agentes de autoridad; no cree ya haber sido culpable y acusa a la propia justicia.”[38] Dentro de esta acusación de fracaso aparece el problema del sistema penitenciario con los sujetos de derechos de quiénes recluyen. A pesar de haber pasado ya cerca de dos siglos[39], en la prisión siguen sucediendo abusos de poder sobre los individuos recluidos, vulnerando sus derechos fundamentales ó su condición de sujetos de derechos, y por el mismo hecho de estar recluidos y de estar pagando penas no son atendidos en virtud de defensa de los mismos. Si bien y es cierto que debe existir correlatividad entre los derechos y deberes de los sujetos y de los diferentes entes que puedan funcionar en la normalidad, y que si un individuo está encarcelado es por la vulneración de alguna de las correlatividades de su sujeto de derechos, y por ende de la normatividad, este individuo privado de su libertad por su condición de sujeto de derechos tiene la capacidad de hacer exigir y respetar las garantías que dicha condición le concede, y el sistema carcelario por ende y por correlatividad a la condición del sujeto a quien apresa tiene el deber de respetar y hacer respetar dicha condición del individuo, por ser portador de dicha condición, pero al parecer la idea es muy formal y no se aplica en todo caso, aún se siguen viendo personalismos y exclusiones dentro de las prisiones, generando así maltratos, abusos, desigualdades y vulneración al sujeto de derecho de cada individuo.

A pesar de los defectos y de las grandes dificultades de las cuales ha sido portador el sistema penitenciario parece ser un mecanismo útil de corrección, tan sólo basta tener en cuenta los principios del sistema penitenciario para un óptimo funcionamiento y una eficaz transformación del individuo respetando así el humanismo y la rigidez de dicho sistema. El único principio que parece no ser muy eficaz para la transformación del individuo es el de la modulación de penas, pues, un individuo privado de su libertad lo único que quiere es la recuperación de la misma a costa de lo que sea necesario para ello. Dicho principio parece ser muy permisivo, el evaluar la posible evolución del recluso para su posterior liberación, no permite aleja la decisión judicial de personalismos. Esta medida en base es la que ha permitido la reincidencia de los individuos en la criminalidad, pues estos al ver que el sistema no es rígido y que con una aparente evolución pueden recuperar la libertad, hace de ello que se siga tratando el problema en una esfera cerrada con pocas oportunidades de reformación social. La “ilegalidad cerrada” parece importante para poder controlar a los individuos que son reincidentes y que tienen antecedentes penales para que no  cometan de nuevo ilegalismos, ó si los cometen que sean mínimos, de esta manera también se tiene a los informantes que de cierto modo ayudan a la idea de transformación social penitenciaria, pero a la hora de practicar este método de control se debe tener cuidado para no ir afectar la esfera privada del individuo, ni las oportunidades que le puedan salir de reinserción con un trabajo digno.

Juan Felipe Falla.


[1] Corrección mediante suplicios ó maltratos físicos directos.

[2] No se podía poner en el mismo plano a quién cometía delitos menores y a quién cometía delitos mayores. Y para ello se hacía una investigación biográfica de cada individuo, y se daba discreción al juez para decidir sobre las penas.

[3] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editoral: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010]. Pág 233.

[4] Ibídem. Pág. 236.

[5] Para enseñarles que debían trabajar respetando a los demás.

[6] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editoral: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010]. Pág 246.

[7] Ibídem. Pág. 247.

[8] Ibídem. Pág. 249.

[9] Ibídem. Pág. 254.

[10] Ibídem.Pág. 269.

[11]Ibídem.

[12] Ibídem. Pág. 270

[13] Ibídem. Pág. 271.

[14] Persona que ejecuta castigos.

[15] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editoral: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010]. Pág. 271.

[16] El recaer se da ya sea por volver a los antiguos delitos ó por invadir el lugar que supone restricción.

[17] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editoral: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010]. Pág. 272.

[18] Ibídem Pág. 295.

[19] Ibídem Pág. 296.

[20] Ibídem Pág. 275.

[21] Consistía en intereses de clases que beneficiaba solo a algunos y excluía a otros.

[22] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editorial: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010]. Pág. 278.

[23] Ibídem Pág. 303.

[24] Médicos, militares, sacerdotes

[25] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editorial: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010].Pág. 303.

[26] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editorial: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010].Pág. 303.

[27] Filosofo positivista del Siglo XX.

[28] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editorial: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010].Pág. 287.

[29] Punto más alto de una edificación en el cual se puede ver todo el interior. En el que se vigila sin ser visto.

[30] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editorial: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010].Pág. 254.

[31] Artículo 66, código penal de la época.

[32] Filosofo positivista del Siglo XX.

[33] Filosofo jusnaturalista (1931)

[34] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editorial: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010]. Pág. 287.

[35] La idea pretendía que los administradores pudieran vigilarlos a todos manteniendo control sobre el centro penitenciario.

[36] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editorial: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010]. Pág. 271.

[37] Persona que ejecuta castigos.

[38] FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Editorial: Siglo XXI. Tomado: [14/05/2010]. Pág. 271.

[39] Cerca de dos siglos después de haber adoptado el sistema carcelario como método penitenciario.


Ciencia y sujeto.

Jürgen Habermas, en su intento por explicar el porqué conocimiento e interés deben ir de la mano, inicia su texto mostrándonos cómo el positivismo se adueñó del concepto de teoría de los griegos, y además, cometió el error de hacer una distinción irreconciliable, para los positivistas, entre conocimiento e interés.

Una actitud teórica, sumado a un propósito cosmológico, donde nos acercáramos al conocimiento, era lo que los griegos concebían por teoría; sin embargo, siglos después, el positivismo se autodeclaró heredero de la tradición griega, malinterpretando así las concepciones iniciales de quienes labraron la grandeza de la cultura del sur de la península de los Balcanes. De esta manera, lo que en Grecia se consideraba “eficacia práctica de la teoría queda ahora a prescripción metodológica”. Con esto, el proceso educativo que suponía una concepción teórica en la antigüedad, ahora parecía un hecho fingido.

Además, la escuela positivista hizo una distinción irreconciliable entre conocimiento e interés, argumentando que al hacer ciencia, todo tipo de valor debía ser suprimido del sujeto, pues en la ciencia, todo conocimiento suponía neutralidad.

Habermas desafía en “Conocimiento e interés” al positivismo y propone  que los juicios de valor propios de los sujetos sean reconocidos junto a los hechos a la hora de crear conocimiento. Este vínculo conocimiento-interés es la pieza clave del rompecabezas que el autor intenta construir, cuando, por medio de tres tipos de ciencias, demuestra cómo el subjetivismo enarbola al sujeto para tener un contacto edificante que busque llegar al cosmos.

A continuación, partiendo de la relación entre interés y conocimiento, haremos una descripción de los tipos de ciencias señaladas por Habermas en su trabajo Conocimiento e Interés.

Ciencias empírico-analíticas: interés técnico

El espíritu experimentalista de las ciencias, entendido como la creación de conocimiento, a partir de ambientes controlados, en búsqueda de hipótesis o teorías dadas, tiene como fundamento un interés técnico de creación y afirmación de procesos objetivados. Las ciencias empírico-analíticas centran su construcción y contraste de teorías en un sistema metódico de referencia. Debido a la conexión del sujeto con la historia natural del ser humano, la persona encargada de describir la realidad, sin separarse de sus juicios de valor, reduce su subjetividad a un simple análisis y descripción de la Lebenswelt.

“[…] las teorías científicas de tipo empírico abren la realidad bajo la guía del interés por la posible seguridad informativa y ampliación de la acción de éxito controlado. Este es el interés cognitivo por la disponibilidad técnica de procesos objetivados[…]”[1]

Con lo anterior, podemos inferir que el uso del sistema de referencia objetivado es la construcción y contradicción de conocimientos, a partir de estándares sistemáticos que fortalecen y estabilizan el uso del mismo. El interés técnico de esta ciencia amplía el potencial de dominio experimental a una descripción del mundo tal como es, es decir, en perspectiva de totalidad del cosmos.

Ciencias histórico-hermenéuticas: interés práctico

“no hay nada en los sentidos que no este puesto antes en el intelecto”

Immanuel Kant.

Las ciencias histórico-hermenéuticas se caracterizan por la actitud comprensiva del sujeto, con interés de darle sentido a las acciones teniendo en cuenta la historia. Es así como los hechos y las teorías no se construyen de acuerdo a un marco deductivo, sino con base a la observación del sujeto, dando origen a la comprensión de los hechos: “el que comprende mantiene una comunicación entre los dos mundos: capta el contenido objetivo de lo transmitido por la tradición y a la vez aplica la tradición a si mismo y a su situación”.[2] Por lo tanto existe un vínculo entre hechos, contexto histórico e interpretación subjetiva que esta fuertemente arraigado.

Ya Einstein en 1952, en una carta enviada a su amigo Solovine, argumentaba en contra del positivismo, que el pensamiento que genera axiomas no nace en el contacto directo con la realidad, de lo dado, sino por medio de un salto lógico que comprende los juicios de valor subjetivos (intelecto, imaginación, creatividad, etc.), que permiten crear los axiomas del conocimiento.[3]

El interés práctico de las ciencias histórico-hermenéuticas a diferencia de su homologa empírico-analítica, abre la posibilidad de la comprensión y la orientación de la acción desde un aspecto intersubjetivo, sin cerrar la perspectiva histórica tradicional.

Ciencias crítico-emancipatorias: interés emancipatorio.

El último tipo de ciencias que Habermas determina es el de las ciencias crítico-emancipatorias. A éstas hace alusión en cuanto al rechazo y crítica de ideologías ya establecidas. Esta reflexión de las leyes establecidas parte de un conocimiento excesivo del funcionamiento de las mismas, que da lugar a una autorreflexión sobre su estructura, intentando colocarla fuera del ámbito de aplicación.

Una ciencia social crítica […] [s]e esfuerza por examinar cuándo las proposiciones teóricas captan legalidades invariantes de acción social y cuándo captan relaciones de dependencia, ideológicamente fijadas, pero en principio susceptibles de cambio. Mientras éste sea el caso, la crítica de las ideologías cuenta […] con que la información sobre nexos legales desencadene un proceso de reflexión en el afectado; con ello, el estadio de conciencia irreflexiva, que caracteriza las condiciones iniciales de semejantes leyes, puede ser cambiado. Un conocimiento críticamente mediado de las leyes puede por este camino colocar a la ley misma, merced a la reflexión, no ciertamente fuera de la validez, pero sí fuera de la aplicación.[4]

La veracidad sobre las leyes de una ideología establecida, no puede ser determinada a partir de una autorreflexión, pero la conveniencia de la misma sí puede motivar a su cambio. El axioma ideológico del stablishment es un paradigma que hipostasia los poderes que se encuentran a su favor. Un sujeto libre y con un gran conocimiento de estos poderes impuestos puede generar un cambio de paradigma, que lleve a que su libertad autorreflexiva  rompa con los esquemas represivos.

En este orden de ideas, toda crítica que intente subvertir las estructuras normativas establecidas en todo tipo de ciencias, a partir de un análisis , hace uso del interés emancipatorio propio de las ciencias críticas. Rechazo, abolición, crítica, cambio, transformación, alteración, entre otras, son los fines últimos de unas ciencias en las cuales el individuo no se conforma con los hechos que emergen ante sus sentidos.

Como venimos viendo hasta ahora, entender las ciencias, comprenderlas o ir en busca de su emancipación mantiene una fuerte carga de subjetivismo por parte del sujeto. De esta manera, el conocimiento, que captamos al intentar acercarnos al Cosmos, no puede ser visto ni entendido sin intereses propios, es decir, sin una previa autorreflexión acerca del mundo de la vida. Es así como la subjetividad se encuentra presente por medio de la autorreflexión, permitiendo el surgimiento de lo suprimido a partir de un yo que relaciona la cosa, por medio de su trascendencia histórica. “[L]os interese que guían al conocimiento se adhieren a las funciones de un yo que, mediante proceso de aprendizaje, se adapta a sus condiciones externas de vida”.[5]

La emancipación del conocimiento humano, según Habermas, se encuentra dada por el uso del lenguaje. El lenguaje es el único medio del cual el ser humano tiene una comprensión inteligible de su naturaleza. Por lo tanto, el uso de su estructura es la mejor forma por medio de la cual el sujeto puede llegar a una autonomía en la reflexión. En este orden de ideas, cualquier tipo de conocimiento que permita realizar al sujeto una autocomprensión, es un conocimiento emancipatorio, que lleva lo antes suprimido hacía el desarrollo del género humano. “En la fuerza de la autorreflexión el conocimiento y el interés son uno. […] La unidad de conocimiento e interés se acredita en una dialéctica que reconstruye lo suprimido rastreando las huellas históricas del diálogo suprimido”.[6]

A manera de conclusión, retomamos la relación intrínsecamente existente entre conocimiento e interés, en los tres tipos de ciencias anteriormente descritos.

Las ciencias empírico-analíticas se caracterizan por construir un saber informativo, que se encuentra relacionado con un interés técnico. Las ciencias histórico-hermenéuticas exploran la construcción de un conocimiento interpretativo, que dirige las tradiciones comunes a un campo práctico. Las ciencias crítico- emancipatorias, que dan origen a un saber analítico, permiten la reflexión subjetiva fuera de los estándares tradicionales de coerción.

De esta manera, Habermas rompe con el esquema positivista que propende por el objetivismo y da vía libre al universo del conocimiento ligado al interés subjetivo, con juicios de valor presentes en la lebenswelt.

 

Luis Alejandro Rojas Bernal

 

Bibliografía

  • Habermas, J. (1993). Conocimiento e Interés. México: Rei. pp. 159 -181.
  • Holton, G. (1982). Carta de einstein a Maurice Solovine, 7 de mayo 1952. In G. Holton, Ensayos sobre el pensamiento cientifico en la época de Einstein. Madrid: Alianza Editorial.

[1] Habermas, J. (1993). Conocimiento e Interés. México: Rei. p. 170

[2] Ibíd., p.171.

[3] Holton, G. (1982). Carta de einstein a Maurice Solovine, 7 de mayo 1952. In G. Holton, Ensayos sobre el pensamiento cientifico en la época de Einstein. Madrid: Alianza Editorial.

[4] Habermas, Opus cit., p. 172

[5] Ibíd., p.176.

[6] Ibíd., p.178.


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